lunes 27 de abril de 2009

La gripa perfecta del DF (cumbia de la influenza)

martes 21 de abril de 2009

La ley marcial menos marcial del mundo

Probablemente no lo sepan y lo normal es que no les interese demasiado, pero aquí, en Bangkok, seguimos en estado de excepción, con los militares controlando la vida pública y una ley para tiempos de guerra que impide que se reúnan por la calle mas de cinco personas.

Ayer salí a tomar una cerveza con seis amigos, por lo que técnicamente estábamos cometiendo un delito. Fuimos a un bar donde habia por lo menos 60 personas: ¿Un desafío a la autoridad? Nada de eso: excepto por algún militar que bosteza apoyado en la farola de un cruce y con la metralleta al hombro, la ley marcial pasa totalmente inadvertida en la ciudad.

Y llegados a este punto, empiezo a pensar que sólo hay dos opciones:

1. Que no nos estemos enterando de nada y bajo la sonrisa y el bostezo, los militares estén librando una lucha contra una oposición armada que amenaza con hacerse con el poder.

2. Que los tailandeses y sus autoridades tienen una forma de interesarse por los acontecimientos políticos bastante relajada. Por decirlo de un modo suave.

Me inclino a pensar lo segundo. Es más, creo que aunque un Godzilla de 200 metros se pasease comiendo pipas por el centro de la ciudad, en compañía de su cuñado y de dos amigas, Bangkok seguiria exáctamente donde está: la gente cocinando en la calle, los centros comerciales rebosantes, los taxistas perdiendo la vida en el tráfico y los barrios rojos hirviendo.

Aquí nadie se van a preocupar por algo tan banal como que un monstruo de ficción japonés destroce la ciudad. Ya se irá cuando se le acaben las pipas, ¿no?. Menos aún van a perder el sueño por la suerte de los inquilinos de un palacio de Gobierno que muchos no saben ni dónde está.

- ¿Por qué van a saberlo?

- ¿Acaso hay allí alguna especialidad nueva de noodles que degustar?

La actitud es tan sabia a nivel individual como peligrosa como colectivo.

Cualquier manual de autoayuda les daría la razón. No merece la pena pasarse la vida preocupándose.

Cualquier manual de política les diría lo contrario. Los problemas, sin afrontarlos, no se van a enmendar.

sábado 11 de abril de 2009

El deuvedé

He sido, desde siempre, un gran defensor de la tecnología y las habilidades fabriles de la República Popular China. Pero ante situaciones como la que me dispongo a describir, toca rendirse a la evidencia.

Mi primer lector de DVD lo compré hace ya muchos años en una tienda de Roma y procedía de aquella maravillosa hornada "made in Taiwán". Pagué 100 euros y creo que todavía sigue funcionando en la casa de algún amigo.

Desde que estoy en Bangkok he comprado otros cinco, procedentes de la China peninsular. Están todos muertos. El último, donación de un amigo al que previamente se le había descacharrado el mio, batió anoche todos los récords. Ha durado 22 minutos y se ha llevado por delante una joya del cine italiano que, me temo, costó más que el propio aparatejo.

Antes de terminar de presentar a los personajes, la película sufrió un ataque de epilepsia y el lector fue invadido por una pandilla de Gremlins nanos. El trasto acabó echando literalmente humo y me he visto obligado a sacrificarlo.

Durante mi reciente estancia en casa de mis padres me fui sentando frente a los tres lectores chinos que por allí habitan... y acabé viendo la película en cuestión con un laptop en las rodillas.

No tengo ni la menor idea de como giran las tripas de un DVD, pero me temo que los fabricantes chinos tampoco.

Mi sexto DVD desde que estoy en Asia lo tendré que comprar ya en China. ¿Es o no es este el prólogo de una historia bonita?

viernes 10 de abril de 2009

Las mudanzas y el castillo

Pasar las vacaciones entre España e Italia y regresar a lo que presuntamente es mi casa, en Bangkok, resulta un tanto confuso. Así que arranco el curso como siempre: confundido. Quizá ahora más que nunca, ya que dentro de unas semanas mi casa estará en un lugar aún más ajeno: en Pekín.

Llevo ya mucho tiempo avisando de que me voy y no me voy nunca. Es cierto, pero tengo mis motivos: el proceso de acreditación periodística es, esta vez sin forzar el chiste, un trabajo de chinos. Todo a pesar de la disponibilidad, la amabilidad y la gran labor del Departamento de Información de Pekín. Y no lo digo con segundas.

Ellos no tienen ninguna culpa de que ayer pasase el día en una película de miedo, suspense y casquería. Tiré siete horas y media de reloj en la embajada china de Bangkok. Es un edificio tan gigantesco como los intereses del monstruo en un país en el que una parte importante de la población y determinante de las finanzas es de ascendencia china. En Bangkok, sin ir más lejos, chinos son más de un 20 por ciento de los habitantes.

Pero el misterio es otro. Me refiero, por supuesto, al tipo diseñó y decoró el castillo de cemento. Un ejemplo: al azar, distribuyó timbres en una interminable muralla espinada que se asfixia bajo el sol tropical y los tubos de escape con doble de plomo y cuarto y mitad de humo negro. Por no hablar de la sala de espera, a quien los gringos habrían puesto un acrónimo. ELPC. "En La Puta Calle".

Superada la hazaña de cruzar el umbral, miles de funcionarios revolotean como abejorros en incomprensibles panales laberínticos de escaleras y ventanillas. Más allá de los pantalones de tergal y las camisas con lamparones, presentan dos diferencias esenciales frente a los nuestros: los funcionarios chinos hablan inglés y consiguen parecer ocupados. Otra cosa es que lo estén.

Hay quien dice que todo está en la infancia y primera adolescencia del responsable. Se comenta que sufrió más que un orco en Disneyland a causa de sus muchos defectos físicos. Y que, consciente de que era imposible hacérselo pagar a toda la humanidad, decidió al menos torturar en la medida de su alcance. Para maximizar daños se hizo arquitecto y diseñador de exteriores e interiores y empezó a presentarse a todos los concursos ofrecidos en el país más poblado de la tierra. Coincidirán conmigo en que es un sádico.

La segunda hipótesis es que se trata de un plan premeditado para controlar la entrada de extranjeros en China. Es más, desde aquí animo al Gobierno español a localizar y fichar a este tipo. Si me hacen caso y lo emplean a fondo en nuestros consulados, miles de extranjeros serían automáticamente disuadidos de no emigrar a España.

Y es que, aprovecho para decirlo, nosotros hacemos lo contrario: alojar embajadas, consulados, institutos comerciales y residencias de embajadores (sobre todo residencias de embajadores) en los mejores palacios y rascacielos, cuyo alquiler o compra ya saben quien paga.

No quiero dar más pistas, ni diré más sobre el proceso de acreditación en China porque soy consciente de la injusticia que cometo. Habiendo visto, quiero decir, el salvaje trato que la administración de la mayoría de los países de la UE da a los extranjeros extracomunitarios que viven legalmente en Europa. Frente a eso lo de la acreditación para ir a China no pasa de leve contratiempo.

La otra mudanza que estoy preparando, esta un poco más sencilla, es la del Mono Borracho. Me han invitado a que abandone las monerías públicas “que ya tengo una edad y según están las cosas hay que cuidar la imagen”, así que las tendré que hacer privadas y anónimas en la revista digital de unos amigos, aunque intentaré seguir ciñiéndome al guión simiesco. También preparo (bueno, "me prepara" el que más sabe de esto) una web, esta vez puramente profesional, para hablar de lo que hago y dejo de hacer. Iré avisando, por si a alguien le interesa, pero ya aviso que a este mono, tal y como le habéis conocido, le quedan dos telediarios. O menos.

lunes 9 de marzo de 2009

La incomprensión



Pasamos la madrugada y la mañana del sábado en el Wat Bang Phra, un templo a pocos kilómetros de Bangkok donde los "guerreros" (en su mayoría policías, mafiosos, delincuentes comunes, macarras...) recargan sus tatuajes una vez al año. Los monjes no sólo dibujan sobre la piel sus extraños diseños, sino que también les otorgan un poder mágico que hay que renovar al menos anualmente. Un buen tatuaje te protege contra las balas, los accidentes de tráfico, las peleas y los cuchillos; y te da fuerzas para llevar a cabo tu actividad diaria, cuanto más arriesgada sea, mejor.

La ceremonia de "recarga" se celebra el primer sábado de marzo y es un espectáculo digno de ver. Los protagonistas se sofocan bajo un sol de justicia en una enorme explanada situada frente al altar y van entrando en trance hasta que se transforman en el animal dominante de sus tatuajes, embistiendo con violencia contra todo lo que se cruza en su camino. Un pelotón de soldados del Ejército, respaldados por voluntarios los frenan en la fase final. Los placan, les dan palmaditas en la cabeza hasta que se van calmando. Algunos repiten varias veces la operación. No hay drogas ni alcohol de por medio. Sólo "sugestión".

Presenciarlo es una experiencia bastante menos mística de lo que puede parecer al contarlo. Y mucho más mundano, con los omnipresentes tenderetes de amuletos, juguetes, ropa y comida que salpican cualquier concentración de masas en el país. Acudimos en grupo, en furgoneta y a uno de nosotros le birlaron la cartera y el pasaporte en medio a la orgía mística final, cuando los monjes lanzan agua sobre los congregados y estalla una locura colectiva asfixiante y claustrofóbica, empapada de sudor.

Quizá fuese por el terrible madrugón, pero el espectáculo no suscitó grandes reflexiones, ni emociones fuertes. Se confirmó la teatralidad, la superstición y el espíritu colectivo-lúdico de las congregaciones tailandesas. Por el resto: desconcierto, risas nerviosas y un mar de incomprensión. Llevo casi un año y medio en Tailandia y tengo la impresión de no haber entendido casi nada, de haberme quedado en lo más superficial. Hay quien lleva casi un lustro y sigue en las mismas.

¿Se puede aspirar a la comprensión? Empiezo a pensar que no.

La experiencia del occidental en Asia quizá se limite a convivir con lo desconocido mientras se van levantando prejuicios para defenderse de lo incomprensible, para darle un significado, el que sea, a lo único asequible: la epidermis de la sociedad.

NOTA: El vídeo es una grabación del ritual de Wat Bang Phra del año pasado, una de las muchas que he encontrado en Youtube.

miércoles 25 de febrero de 2009

Mekong



Heme aqui, en el Mekong. En su desembocadura para mas segnas. En el delta, concretamente. ?Me estoy poniendo pesado? Sera que llevo desde el lunes en Vietnam y todo se pega. No he visto gente mas insistente y negociante que esta: mas dura regateando, con mas repertorio de trucos para sacarle los dineros al guiri.

Seran los agnos del comunismo, que han avivado el ingenio. Me refiero al comunismo de antes, no el de ahora, ya que Vietnam, siguiendo el ejemplo chino, ha dejado el rojo para la bandera. En fin, decia que aqui la supervivencia se "inventa", como en Cuba. En los canales del delta flota de todo, incluso gasolineras: extragnas embarcaciones con sus surtidores, un extintor poco convicente y el mitico gorrilla, chuflo en mano y fumando, una figura casi extinta en nuestra geografia.

Tambien navegan las excavadoras y, por supuesto, los mercados. Todo flota, hasta algunos ataudes, de modo que las funerarias no se molestan en cargar con el muerto, sino que arrastran el pastel por el agua.

Otra costumbre a la que no termino de acostumbrarme es la del "sobre" o las "galletas". Ya me paso en Hanoi. El asunto es que a cada entrevista hay que llevar un sobre (imaginen con que) o unas galletas (imaginen de que). El volumen del sobre y de la caja depende de la importancia del tipo, por supuesto.

"No, no, este es un campesino. Con una caja pequegna que le llevemos es suficiente".

En fin, que he venido a hacer un reportaje sobre una isla donde me dijeron que venden mujeres. Y es verdad. Por 2mil dolares. Baratitas. El drama no es otro que el de siempre: la pobreza extrema. Y a mi me da la sensacion de que mas que venderlas se venden ellas solas, alegremente. Estan deseando irse como sea, porque es su unica oportunidad (junto con la loteria, que llega en barcas flotantes, como todo) de evitar pasar el resto de sus vidas agachada de sol a sol sobre el arrozal, como sus madres.

A lo de "venderse" a un extranjero no le ven el drama por ningun sitio, al menos no lo dicen, ni lo demuestran. Quiza, no lo descarto, lleven la pena por dentro, que es una cosa muy asiatica. En eso no se parecen en nada a nosotros. Me estaba imaginando esta magnana a una de, pongamos Elche, sacada a la venta por sus padres. No creo que fuera lo mismo. No se si captan la escena.

Volviendo al comercio de mujeres, creo sinceramente que mientras no caigan en las garras de mafias que las prostituyen (algo que por desgracia sucede a menudo) o den a parar con algun cabron que las maltrata (cosa que tambien ocurre) la cosa no es muy diferente a los matrimonios concertados, que es la forma de elegir pareja en medio mundo.

Y, al respecto, una ultima cosa que no me lo puedo callar: mas de una se me ha puesto honradamente en oferta. Un descuentillo, rebajas, happy hour. Llamenlo como quieran. Para llevarmela, se entiende, tras desposarla y pagar la tarifa a su familia.

En fin, no me he dejado convencer por los buenos precios, a pesar de que las mujeres vietnamitas tienen la fama de ser las mas hermosas de Asia y en eso no defraudan: tienen la misma figura estilizada que las tailandesas pero con un punto mas de corpulencia y bastante mas pecho. Si no me llevo ninguna es, entre otras cosas, porque ya tengo una, que ademas es oro macizo. Y esas cosas es mejor no amontonarlas, que se rayan.

Para el que le interese, me han dado un recado:

"Si tienes algun amigo soltero con los dientes como los tuyos dile por favor que venga, que hable con mi familia y me voy a Espagna", me decia muy seria una de 32 agnos y muy buen ver, que se caso con un taiwanes hace 9 pero salio huyendo.

"El es muy bueno y muy generoso pero no puedo volver a Taiwan con el porque me da miedo montarme otra vez en el avion y el no quiere venir aqui porque no tiene trabajo", decia, la muy astuta, callandose que bueno y generoso quiza sea, pero tambien lo es que ha cumplido los 55 y le llega a la altura del hombro.

"Pues si te encuentro un espagnol con los dientes grandes son 15 horas de avion o tres meses en tren. Tu veras. Ademas ya estas casada", le contestaba yo.

"No, no importa. Me divorcio del taiwanes y hago el ultimo vuelo de mi vida", insistia ella.

Toda esta conversacion a traves del guia. Algo que no es nuevo para ella: a su marido tambien lo conocio con un interprete por medio.

En fin, que no se como vais de dientes, pero por si acaso me he guardado las segnas. Las suyas y las del interprete, por supuesto.

lunes 16 de febrero de 2009

Proyecto hombre para elefantes


Hace meses, alguien me envió un vídeo de Youtube en el que un elefante pintaba cuadros con la trompa. Tras observarlo con detenimiento, me dió la sensación de que era un montaje.
Pues no, no lo era.
El viernes pasado subí a Chiang Mai (norte de Tailandia) a hacer un reportaje sobre un centro de rehabilitación de elefantes en el paro, algunos de ellos drogadictos. Y pude comprobar que el artístico es uno de los muchos "oficios" que les enseñan en este centro para la reinserción social de paquidermos. Os juro que no hay trampa ni cartón. Los elefantes pintan flores, otros elefantes, e incluso personas. Mejor que yo, por cierto, aunque esto último no era dificil.
Escribí el texto con empatía, ya que a los elefantes les pasó hace 20 años algo parecido a lo que nos va a ocurrir a los periodistas: que se quedaron sin trabajo.
En 1985, acosado por los grupos ecologistas (esta vez con toda la razón del mundo) el Gobierno tailandés promulgó una ley que prohibe la tala de bosques selváticos, que era la principal actividad de las decenas de miles de paquidermos que trabajaban en el país. Desde entonces no tienen curro y se han visto expuestos a todo tipo de humillaciones y maltratos. Entre ellas, el consumo obligado de anfetaminas, que les suministran grupos circenses sin escrúpulos y delincuentes que se dedican a la tala ilegal de árboles.
Fuera de los circuitos ilegales, estos pobres yonkis sin oficio ni beneficio, que consumen cien veces más alimento que un ser humano, son un verdadero estorbo y viven de la caridad y las limosnas de la Casa Real tailandesa, el Gobierno y los turistas.
Algunos acaban con las piernas destrozadas tras pisar una mina antipersonal, otros caen en la ceguera a causa de los maltratos. Ya quedan menos de 5mil en Tailandia, cuando hace un siglo la población era de más de 150.000 y eran tan indispensables para la economía que gozaban de unas condiciones laborales propia de animal sagrado. Vamos, que ya quisiéramos la mayoría: dos días de trabajo y tres de descanso.
Hoy, veinte años después, son pobres pensionistas que se entretienen pintando...