viernes 20 de noviembre de 2009

Inquietudes del internauta I

Después de convencerme de que lo mejor de este blog son las búsquedas de Google que traen hasta aquí a mis lectores, he decidido seleccionar de cuando en cuando unas cuantas, pegarlas en un post y comentarlas. La sección se llamará "Inquietudes del Internauta" y ya verán que son extensas, variadas y muy profundas.

Empezamos con alguien que, desde Perú se pregunta, con sintaxis gallega, si

“petardas en una borrachera caen”

Al otro lado del Océano, un matemático de San Sebastián se devana los sesos con una complicada operación aritmética y pide ayuda on line, tecleando la fórmula en sí:

"jovencitas+"el trenecito""

Luego está el que desde la capital, y conectado a mediodía, merecería vigilancia 24 horas, sobre todo durante el Master de Madrid.

videos de chicas tenistas masturbandose solas.

Tenemos también seres poéticos como éste de Wilmar, Minessota, que quiere:

leer la oracion de un borracho.

Como no, siempre algún nicaragüense cae en el más viejo de los reclamos de este blog y se pregunta

puedo perder peso masturbandome?


Para el mexicano de las 13,45, sin embargo, hay otro enigma por resolver:

misteriosa parte como las mujeres pierden su virginidad.


Y aquí traigo uno que le da la vuelta al tema de siempre. Aunque sabemos que lo suyo es una pregunta, él lo enuncia, aplastado por la culpa:

no masturbarse adelgaza.

Ahora el que pregunta soy yo: ¿No hay metro en Michoacán y querías ver cómo funciona o tenías otras intenciones cuando tecleaste ésto?

masturbadas en el metro


Del siguiente puedo decir que si es una uruguayA tiene como poco una 120. Si es un uruguayO lo que tiene es un problema. Su pregunta es:

como adelgazar las tetillas en 3 dias.

Y lejos, muy lejos de allí, en Nottingen, Alemania, alguien busca y no encuentra

monos gritones del peru.

¡Que mundo más extraño, cojones¡

jueves 19 de noviembre de 2009

Fabricar la realidad en cinco fases


En esto de interpretar la realidad, actividad conocida como "periodismo", puede acabar pareciendo que pasa lo que pensábamos que iba a pasar, o incluso lo que queríamos que pasase.

Me explico:

1. Se acerca la visita a China de un líder conocido por su carisma. Sí, hablamos de Barack Obama. Agencias, editores, jefes y corresponsales se ponen a pensar cómo ilustrar esa cursilada de la "obamanía que, todos suponen, se desatará cuando aterrice el sujeto. Los más organizados, normalmente anglosajones, incluso lo planean y escriben en sus agendas de trabajo y previsiones.

2. Alguien, normalmente un anglosajón, se acuerda de una noticia intrascendente en este caso aparecida un mes atrás en el diario "China Daily", el órgano de comunicación estatal en inglés, sobre un chaval (a quien el artículo calificaba como "emprendedor innovador") que tiene una tienda de regalos en una zona para turistas y al que se le ha ocurrido vender camisetas con la imagen superpuesta de Mao y Obama, a la que llamó "Obamao", con el rompedor subtítulo "Soy guapo".

La noticia está aquí: http://www.chinadaily.com.cn/2009-09/18/content_8707571.htm

El chico en cuestión se llama Liu Mingjie y su único mérito, para ser exactos, es haber estampado en varias camisetas un montaje que había salido meses antes en Internet, concretamente en webs estadounidenses. La titularidad del invento es en realidad de algún freak republicano indignado por la polémica reforma sanitaria que intentan sacar los demócratas. Todo días después de que la Fox y otros medios llamasen "maoísta" a Obama. Olvidando, por cierto, que en la China de Mao nunca se hizo universal la sanidad gratuita.

El tal Liu, dicho sea de paso, no había vendido más de 300 camisetas, la mayoría a extranjeros, cuando la prensa (insisto: la prensa oficial) se deshizo en halagos por la ocurrencia en un reportaje.

3. La prensa extranjera, servidor incluido, lanza la noticia de Obamao, quien más quien menos coloreándola un poco para hacerla más vistosa. Entre editores y lectores acaban por convertir esas 300 camisetas vendidas en su mayoría a turistas en la prueba fehaciente de que la "obamanía" ha llegado a China.

http://trueslant.com/emilyrauhala/2009/10/22/obamao-undies-just-in-time-for-christmas/

4. Al Gobierno chino le huele mal el asunto, algún alto funcionario recela (siempre hay algún alto funcionario recelando) y como acto reflejo lo censuran. Esto, por supuesto, incrementa el interés de la prensa extranjera por Obamao. Ahora los editores lo tienen claro: no solo hay "obamanía" sino que además el Gobierno chino le tiene un miedo atroz al fenómeno de masas y lo censura.

http://features.csmonitor.com/globalnews/2009/11/13/china-bans-obamao-shirt-fearing-offense-to-obama/

5. Y entonces entran en escena los "anaListos", como siempre en plan ultra sesudo y sentando cátedra.

http://blogs.elpais.com/lluis_bassets/2009/11/obamao.html

Mientras tanto, en la sociedad china la visita de Obama pasa completamente desapercibida y las camisetas de Obamao tienen bastante más éxito en sitios como España que en la propia China. Me apuesto a que el próximo verano en Malasaña más de alguno la lleva. Yo en Pekín no he visto ninguna.

En definitiva:

martes 27 de octubre de 2009

La oración del periodista

Hace ya cuatro meses que salió publicado el artículo que pego aquí abajo. Me acabo de dar cuenta de que, desde entonces, lo he buscado por lo menos diez veces para releerlo. Creer en esta profesión a la deriva es ya un acto de fe. Hacen falta salmos y oraciones para mantener la esperanza viva. Podríamos empezar rezando aquí con Juan Villoro.

Escribir a dieta

Por JUAN VILLORO

Diario REFORMA. Ciudad de México

(19-Jun-2009)

Hace años, en todos los periódicos trabajaba un gordo dedicado al arte de corregir la puntuación. Mientras otros sudaban en el lugar de los hechos, él leía con ojos de cazador. De tanto en tanto, chupaba un lápiz como quien prueba una golosina y tachaba un gerundio. No necesitaba consultar diccionarios porque había engordado a fuerza de adquirir palabras.

El corrector obeso era la versión extrema del periodismo sedentario. Su cuerpo expresaba autoridad. Aunque odiáramos sus enmiendas, lo veíamos como a un Buda cuyo paradójico don consistía en suprimir el adjetivo que tanto nos gustaba.

En un diario español conocí a uno de esos gordos, que además tenía el tino de apellidarse Grasa. Nadie se burlaba de él. Su nombre parecía heráldico, digno de su especialidad.

Los correctores perdieron importancia desde que la computadora prometió hacer esa tarea. El gran gordo desapareció mientras las redacciones se llenaban de gorditos.

Los reporteros se ejercitan menos; ya no persiguen las noticias a pie, sino que las buscan en las pantallas. Un oficio de flacos (recordemos al periodista famélico dibujado por Abel Quezada) se ha convertido en una tarea donde la barriga ya no es exclusividad del corrector en jefe.

Internet ha traído numerosos cambios culturales. No vamos a demonizar aquí algo bueno e inevitable, como la lluvia o el teléfono, pero es un hecho que los inventos ponen nerviosa a la gente. La fotografía anunció el fin de la pintura, el cine el fin de la fotografía, la televisión el fin del cine y la computadora el fin de la televisión. El resultado suele ser el opuesto. Cada nueva tecnología prestigia a la anterior: el plástico ennoblece al vidrio, el vidrio al bronce y el bronce a la piedra.

Las fotos polaroid, que parecieron el non plus ultra de lo moderno, acaban de desaparecer para siempre, convirtiendo a sus cultores -de Andy Warhol a David Hockney- en artistas de una edad pretérita.

Dentro de 50 años será imposible encontrar un sistema operativo para leer un CD con la información que hoy podemos grabar. En cambio, se leerán libros caligrafiados hace 2 mil años.

Internet refrendó la fuerza de la cultura de la letra. No podemos vivir sin escritura. La constelación que una vez se trazó con tinta de calamar, ahora brilla en nuestras pantallas.

Sin embargo, ante la galaxia Google, el periodismo impreso ha tenido un ataque de ansiedad. En vez de realzar sus recursos, imita los ajenos. Como la información en línea es muy solicitada, los periódicos tratan de parecer páginas web (menos letras, más imágenes, tips que simulan ser links...).

La reacción debería ser la contraria. Si en la pintura el abstraccionismo mostró lo que no puede hacer la fotografía, el periodismo impreso debería ofrecer lo que no funciona en la red: textos larguísimos para gente que conoce la calma. El periódico italiano La Reppublica es un buen ejemplo al respecto. Se lee al ritmo que impone el papel. Hace poco, uno de sus temas de portada fue la descripción de un beso. Es cierto que el autor era Orhan Pamuk, pero pocos diarios lo hubieran considerado digno de primera plana.

Lo curioso es que mientras se reduce el periodismo de investigación y se eliminan suplementos, las revistas ganan adeptos, demostrando que hay gente dispuesta a leer textos más extensos que los de las cajas de cereales.

La red se ha convertido en su propio tema: es el horizonte de los acontecimientos. En vez de acudir al lugar de los sucesos, el reportero vigila la realidad virtual. Como todos pueden llegar ahí, la competencia se basa en la homologación. El triunfo de conseguir algo único es menos decisivo que la derrota de perder lo que los demás consiguieron. La novedad tiene un criterio estándar.

Otro efecto secundario de internet es la disminución de corresponsales extranjeros. La red es una plaza sin patrias donde se intercambian datos de todas partes. Los enviados especiales se han vuelto caros y en cierta forma desconfiables: ven de manera peculiar un mundo que aspira a la norma.

Para colmo, en muchas ocasiones el reportero debe escribir un texto aplicable a varios formatos (el periódico impreso, la información en línea, el boletín de radio o televisión). Por lo tanto, ofrece una materia neutra donde los giros personales se evitan como grumos en el arroz con leche.

El periodismo sin señas de identidad permite que alguien comente: "ese texto es demasiado literario". La frase debería ser tan rara como la de un chef que dijera: "ese guiso es demasiado gastronómico". Casi siempre, la objeción se refiere a que el texto es complicado. La claridad es un requisito de la prensa (el desembarco en Normandía no se puede comunicar como un poema dadaísta), pero el miedo a la diferencia ha llevado a renunciar a los adverbios y los adjetivos.

Al alejarse de su esencia, la prensa escrita pierde lectores en todas partes. Mientras los periódicos adelgazan, los periodistas engordan.

No será por mucho tiempo. No hay vida sin historias. Nada más urgente que la crónica de un beso.

martes 20 de octubre de 2009

Las prioridades de Singapur


Singapur es una ciudad de ejecutivos, oficinistas y adictos al trabajo. De todos los países del mundo, es uno de los más ricos, de los más limpios, de los más ordenados, de los más seguros, de los más laboriosos, de los más disciplinados... Y de entre todos los periódicos del mundo, el "Straits Times" de Singapur (su cabecera ya es toda una declaración de intenciones) es uno de los más serios, de los más rigurosos, de los mejor maquetados, más globales y dinámicos. Sus análisis sobre finanzas internacionales son impecables, sus fuentes fiables y su nómina de corresponsales envidiable. Entre sus lectores se cuentan algunos de los magnates y tiburones más poderosos del planeta, así como artistas, galeristas, publicistas y tipos que marcan tendencia en todo el mundo.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, échenle un vistazo a la lista de las 10 noticias más leídas ayer en su página web.

1 Mum had sex with son
2 Govt acts to sex market
3 Sex in the suburbs
4 Principal in sex scandal held
5 Too sexy for kids?
6 Driver dies after sex session
7 Woman on kissing quest
8 Pepper spray attack: 2 jailed
9 Caught having sex in stolen car
10 Gang snatches boy's mobile

No sé si me explico.

viernes 9 de octubre de 2009

Diez preguntas a evitar


Vamos a ver. Ando buscando billete para volver a España por Navidad. Las dos anteriores las pasé en la playa o en medio a un bosque tropical así que, para que negarlo, me da bastante pereza. No porque no me apetezca ver familia y amigos, sino porque las Navidades no me gustan. Lo sé, lo sé. Soy consciente de que posicionarse en contra de la Navidad es una de las cosas más penosas que existen. Suena a "sus primeros discos son los mejores, lo demás es muy comercial" o a esa otra famosa, la de "sólo me gustan las novelas intimistas". Incluso en los Gremlins, creo recordar, hay alguien (una chica, quizá?) que se queja de la Navidad porque su padre se desnucó bajando por la chimenea vestido de Papa Noel. Patético, estamos de acuerdo. Pero el caso es que a mi no me gustan. De verdad. No tiene nada que ver con llevarle la contraria a los anuncios de la tele, ni para hacerse el interesante. Yo tengo motivos objetivos.

Lo que me hace odiar la Navidad es la combinación de comilonas, copas y calefacción a toda hostia. Lo juro: desde los 16 años recuerdo las Navidades como una inacabable resaca con la tripa hinchada de langostinos en la que hace mucho calor y no te dejan echarte la siesta. Creo que sería mucho más fraternal si se estandarizada la siguiente fórmula: banquete-pachanga solteros contra casados-banquete-pachanga solteros contra casados. O yo que sé: banquete-carrera de sacos-banquete-carrera de sacos. O incluso: banquete-bombardeo de país vecino-banquete-bombardeo de país vecino. Lo que sea para meterle un poco de movimiento y acción. Pero es que encima cuando vives en el extranjero hay un grado de pereza añadido a todo tipo de reencuentro o reunión. Se trata, señores, de las diez preguntas a evitar. Tomen nota:

1. ¿Qué tal con las italianas/chinas/francesas/búlgaras/nativas-del-país-donde-se-vive?

2. ¿Y que tal la comida por Pernanbuco/Madagascar/Islandia/país-donde-se-vive?

3. ¿Y hace mucho frío/calor en Dinarmarca/Uganda/Uruguay/país-donde-se-vive?

4. ¿Y qué se cuentan los albaneses/turcochipriotas/moldavos/camboyanos/nativos-del-país-donde-se-vive?

5. El otro día salió en la tele Suiza/Camerún/Trinidad y Tobago/país-donde-se-vive. Tiene que ser la hostia aquello, ¿no?

6. ¿Y no echas de menos la tortilla de patata, el lomito, las cervezas Mahou/variedad-gastronómica-que-se-considere-inaccesible-en-el-país-donde-se-vive ?

7. Vamos, que ya hablarás en ruso/farsi/bahasa/idioma-del-país-donde-se-vive.

8. ¿Pero se vive bien en Croacia/Etiopía/Nicaragua/país-donde-se-vive?

9. ¿Y dónde es que vives tu, que me ha dicho tu madre/tía/amiga/conocido/cualquier-persona-con-quien-una-vez-coincidiste-en-el-autobús?

10. ¿Te vas a quedar mucho en Mongolia/Armenia/Bostwana/país-en-el-que-se-vive?

En una categoría superior, pero no menos tediosa, entra otro tipo de pregunta, ocurrencia típica de gente que lee el periódico (si aún queda algún inconsciente). Del tipo:

"Menudo lío tenéis por allí ahora con las Olimpiadas/las elecciones/el terremoto/el nudismo/el ataque extraterrestre/acontecimiento-noticioso-del-país-en-el-que-vives". Con tono descendente sostenido o puntos suspensivos.

Lo peor de estas preguntas es que te dejan con todo el peso de la conversación. Esto una putada especialmente gorda en mitad de la nebulosa navideña (recordemos: panza llena-resaca-olor a tabaco y puro-e inactividad continuada).

Una variante, igualmente aburrida, pero que al menos te permite desconectar, es la de:

"En 2003 estuvimos en Congo/Eslovaquia/Guatemala/país-donde-se-vive y recuerdo que....".

Hace algunos años alguien, no voy a decir quien, me hizo una pregunta que nunca olvidaré.

"¿Y hay muchos italianos en Italia?", espetó. Es un tipo con carrera, conste.

En serio, puede llegar a ser realmente complicado mantener la compostura en situaciones así. Uno se siente como el niño de 10 años pensando cómo salir del paso con elegancia ante el típico pesado que dice lo de "¿Tendrás novia ya, no?". Me gustaría volver a tener 10 años para responder: "Sí, y no veas que polvos nos pegamos en el parque". En fin.

Ya sé que empezar una conversación es complicado, pero a veces es mejor hablar del tiempo. De verdad, si tienen un pariente/amigo/conocido que vive en el extranjero, eviten las diez preguntas prohibidas y seguro que ellos regresan más a menudo por Navidad.

viernes 18 de septiembre de 2009

Reaparición a las cuatro de la mañana

Han pasado varios meses, pero aún me acuerdo. La última vez que entré al Mono Borracho lo hice en calzoncillos, enjuagado en sudor, cocinándome al baño maría en la noche de Bangkok. La terraza de mi segunda casa en Tailandia estaba situada frente a un parche de selva en el que vivían más bichos que en una película de Disney y más de una noche me tuve que colocar tapones de cera para anestesiar el escándalo de la naturaleza, el rugido de la maquinaría soviética que ponía en marcha el aire acondicionado, el pedorreo de las motos del barrio y los zumbidos de la inevitable horda de mosquitos que volaba por la habitación. Objetivamente, aquella choza cuajada de turistas sexuales, perdedores y golpeados por la vida (en la que acabe accidentalmente) era un sitio horrible. Ahora, gracias a la distancia y el tiempo, he terminado por cogerle cariño. La nostalgia es una cosa bastante extraña y aquel almacén con un catre y un sillón de plástico azul que sirvió de base de operaciones para el traslado a Pekín es uno de los recuerdos más vivos que me he llevado del Sudeste Asiático.

Por Pekín llevo ya más de tres meses, interrumpidos por un sarampión (sí, un sarampión) y varios viajes de trabajo. Y, bueno, la sensación inicial se mantiene: por raro que parezca, mudarme a China desde Bangkok ha sido como regresar a Europa. Vuelvo a caminar por aceras, el transporte público circula por túneles (y no sobre bloques de hormigón) y la gente vive en un estado continuo de cabreo, estrés y mal humor. Ahhh, la modernidad... Ir a la playa o a montar en elefante han dejado de ser excursiones de fin de semana a las que se iba en chanclas y autobuses de hojalata; y por primera vez en tres años me dispongo a afrontar un invierno, algo que, según he aprendido, no tiene porque ser necesariamente malo. Al parecer los suicidios se multiplican en los lugares donde el clima es siempre el mismo. Y cuando se trata de la calorina húmeda del trópico asiático, la estadística está definitivamente justificada. A costa de todo lo anterior y de mejores perspectivas profesionales he perdido parte del sentido de aventura que enriquecía cada minuto que pasé en el Sudeste. Será que me hago viejo pero la cosa tampoco me quita el sueño. Se trata de pasar de página y en ello estoy.

Por si aún queda por ahí algún lector, me veo en la obligación de explicar esta abrupta reaparición. Qué decir, la idea inicial era cerrar este blog y abrir un chiringuito más serio. Y bueno, en algún sitio sigue la “idea inicial”. Lo que pasa es que la mudanza (la mía y la del Mono) ha sido más fatigosa de lo esperado. A ello se ha unido el hecho de que en las últimas semanas he conseguido sortear la censura impuesta por el PCCh y he vuelto a asomarme por aquí desde la pantalla de mi ordenador (no es ninguna proeza: la conexión a un servidor extranjero se compra por 40 dólares al año en Internet). Ahora mismo mi intención es retomar esto con una cierta continuidad. También es verdad son casi las cuatro de la mañana, me estaba aburriendo y el libro que tengo empezado ha resultado ser un insoportable tostón. Lo digo para que mis lectores imaginarios establezcan hipótesis si desaparezco de nuevo. ¿Habrá cambiado de idea? ¿Habrá contraído el parásito bicéfalo de Williams? ¿Habrá empezado un nuevo libro? ¿Estará jugando al ping-pong? No les digo que no, pero si vuelvo prometo explicar lo del sarampión, arreglar alguna cuenta pendiente y confirmar que la mejor manera de bajar de la Muralla China es en tobogán.

lunes 27 de abril de 2009

La gripa perfecta del DF (cumbia de la influenza)